
Porque me siento objeto, me siento veleta. Una veleta que se mueve con el viento de los soplidos de los demás y en mi vida no hago más que dar vueltas en vano sobre mí misma, y no paro de girar y girar con la voluntad de aquellos que hay en mi alrededor.
Es una putada que las veletas no avancen.
Y siempre miro hacia dónde quiera el que bufe más fuerte.
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