miércoles, 5 de mayo de 2010
jueves, 4 de febrero de 2010
lunes, 18 de enero de 2010
No se abren de golpe, son de esas con puertas pesadas que poco a poco vas abriendo.
Tampoco es que haya sido jamás de grandes esfuerzos...vamos que los tirones más grandes los hemos ido dando entre muchos...
Pero ya está, están abiertas.
De par en par, aunque con la persiana ligeramente bajada, quiero seguir siendo yo a pesar de todo...
Pero entra tanta luz...y es tan bonita, tan cegadora...
No hay más días oscuros, ni siquiera noches oscuras, hasta la luz de las farolas se cuela en mi habitación, bajo las sábanas...
Pero ¡oh maldición! Es la propia luz la que proyecta las sombras de aquello que apenas recordaba...
Y vaya...justo cuando atardece son más largas, más vacilantes, más temibles...
Pero seamos sinceros, ¿por qué iba a preocuparme si no hay señal alguna de días nublados?
Ya lo solucionaré cuando vuelva la oscuridad, claro, aunque quién sabe si aún estaré en el terminio que lo permite...
lunes, 19 de octubre de 2009
¿Se trata pues, de aparente desinterés?
O lo que sería preocupante, ¿se trata de desinterés?
¿No consigo ni despertar un leve cosquilleo en su curiosidad? ¿O es acaso el miedo a encontrarse, cara a cara, con una realidad que no sea de su agrado? Algo que no se ajuste a sus expectativas sobre mí, sobre qué o quién soy.
O por el contrario, ¿es ese cosquilleo tan enormemente enorme, tan tocapelotas si se me está permitido decirlo que, en un intento tímido de ocultarlo, le obliga a actuar como si el conocer quién soy, cómo pienso y qué hago, fuera de lo más irrelevante?
¿Qué quieres de mí?
¿Qué esperas de mí?
¿Tan simple me ves?
Y entretanto mi cultivado mundo interior se muere de la rabia...
...o eso me gustaría creer
jueves, 8 de octubre de 2009
Una persona tan dual siempre se da cabezazos contra los límites de un lado y otro, y le cuesta a veces enfrentarse a determinadas decisiones.
¿Qué hacer? Mi doble naturaleza me ofrece siempre 2 posibles respuestas:
• Sométete, acéptalo, dí que sí que a fin de cuentas no es nada. No saques tanto las cosas de contexto… Ya has pasado por cosas peores, y lo sabes. Si lo haces las cosas irán mejor, aunque ahora te resulte incómodo, extraño…
• ¡NO! ¿Y qué hay de lo que tú quieres? ¿Es que no piensas decidir jamás por ti misma? Siempre intentando tener contentos a los demás…No, sencillamente no. Di que no. Imponte, planta cara, di un ya basta a tu vida…no puedes seguir así.
Y entonces es cuando todo se complica:
• No, pero esta vez será distinto, lo haré porque lo hago convencida… tampoco me supone un gran esfuerzo y sé que es lo que quiere…si su felicidad es la mía…
• No, no quiero esto…las cosas no tenían que ir así, joder, pienso tomar las riendas yo de todo antes de que se desmadre…nadie volverá a pisarme, NADIE…
Y entonces, la solución parece obvia:
• ¡Tiempo! El tiempo lo dirá
Y siempre dejo que pase el tiempo, sin tomar una sola decisión…qué miedo equivocarse, ¿no?
viernes, 25 de septiembre de 2009
-Señor policía, entiéndame por favor, no es mi culpa que el cuerpo humano sea tan débil y propenso a la muerte. ¿Quién me iba a decir a mí que propinándole unas simples patadas dirigidas, eso sí, con ira y de manera repetida en la cabeza, podrían haber concluido de tal manera?
-¡Por el amor de Dios! La víctima había sido atada y asfixiada con anterioridad…
-Simples juegos sexuales- respondí con un tono completamente desenfadado - le juro que a la víctima eso le excitaba, señor policía. De hecho, creo recordar que me lo pidió él mismo…
-¿Insinúa usted que fue la propia víctima quien le dijo que le inmovilizara y asfixiara?
-Bueno, él no lo “dijo” exactamente, es decir, no salió de su boca pero aún así pude oírlo en mi cabeza.
Bien, ya podéis imaginaros el panorama; estaba arrestada por ser la presunta homicida del asesinato A.P.T (claras siglas de Anónimo Para Ti). No quería causar una mala impresión al señor policía. Jamás causo malas impresiones; en mi currículum destaco mi buena presencia para atenuar la atención sobre mis abortos en el campo de la educación, y así no origino una mala impresión. En un intento desesperado por parecer más buena de lo que realmente era, no olvidemos que acabo de admitir haber pateado la cabeza a alguien, no me limité a mi constante y encantador pestañeo, y preferí depositar disimuladamente mi goma de mascar, 133 veces masticada, en la parte inferior de la mesa aplicando una también encantadora y disimulada presión con los dedos índice y corazón sobre el sujeto que pretendía fijar.
Y os preguntaréis, ¿cómo acabé en un sitio así?, ¿por qué había pateado al sujeto en cuestión?, y, sobre todo, ¿tenía sabor aún el chicle cuando lo pegué bajo el escritorio del policía?
A riesgo de pareceros una lunática carismática, la cual cosa me halagaría que pensarais a estas alturas, he de decir en mi defensa que no siempre he sido una lunática; de hecho, meses atrás tenía una vida normal, con mi día a día normal y mis pensamientos normales. En cuanto al carisma, jamás he despertado grandes simpatías, así que si te sonríes al leer éstas líneas, aunque sea una de esas sonrisas simbólicas que sólo se pueden ver por dentro, me temo, amigo mío, que tienes un pequeño psicópata en tu interior al que probablemente aún no hayas dejado salir a jugar.
Mi nombre te es indiferente, eso no cambiaria mi naturaleza en absoluto, pero tal vez sí debas saber que soy joven, y mi rostro es aún más joven que yo. No soy una preciosidad (creo que incluso ahora puedo oír un gran “oooh” del lamento de mis lectores masculinos) pero sí que tengo el rostro más inocente que podáis llegar a imaginar.
El caso es que yo, antes, tenía una vida normal. Ya sabéis, de esas personas que se levantan por las mañanas, usan el cuarto de baño, desayunan con los informativos y acaban por desplazarse hacia algún sitio a hacer alguna cosa usando algún tipo de transporte público. Ya de pequeña apuntaba alto, tenía algo que me hacía destacar entre los demás mocosos coetáneos a mí; aspiraba siempre a la mediocridad. Y junto a ella, fui algo parecido a lo que llaman “feliz”, siempre y cuando me mantuve mediocre.
Mientras todo el mundo a mi alrededor tenía aptitudes más o menos pronunciadas, yo me limitaba a ser uno de aquellos seres “torpes” y poco adaptados que suelen consolarse pensando que al menos saben hacer un poquito de todo.
Ya tenía algunos pensamientos delirantes en los cuales me recreaba, por tal de, sencillamente, entretenerme un rato. Siempre me he resultado divertida a mí misma, y me he reído de mí y conmigo. De hecho no podéis llegar a imaginaros las carcajadas intelectuales que estoy soltando a medida que escribo…o bueno, quizás sí. Nunca he llegado a conocer a nadie como yo, pero tal vez exista.
¡Oh, perdonadme por ser una anfitriona tan desconsiderada! Ya lo he vuelto ha hacer; hablo sólo de mí, mis disculpas.
Bueno, hablaría de mi vida hasta ahora, hasta el mismo momento en que el chicle fucsia definitivamente ha dejado de oponer resistencia a mi brutalidad insistente, y ha terminado por adherirse a esa mesa. Me pregunto si también habrá mocos secos bajo la mesa, pero temo llamar la atención del policía al agacharme y delatarnos al chicle y a mí.
Dejé correr la idea de inmediato, no sin antes pensar que tal vez esa noche me iba a costar dormir. En cuestión de minutos un escalofrío me recorrió la espina dorsal y retomé mi investigación cogiendo un pequeño espejo que llevaba en el bolso.
-¿Tiene usted algún documento que la identifique?- preguntó el policía a tan sólo un par de metros de mí. Tenía el entrecejo tan fruncido que por un momento contemplé la posibilidad de verlo convertido en cíclope.
-Difícilmente me sienta identificada con un documento, señor policía.- añadí con un tono extremadamente severo. Sin embargo parece que no se contentó con mi respuesta.- Si me permite, miraré a ver que encuentro…
Dejé el espejo sobre mi regazo y empecé a rebuscar en el bolso, sin prestarle demasiada atención. Podía ver el pegote fucsia; ahora intentaba mover las piernas con cuidado para que el espejito, espejito me dijese si mi chicle compartía dormitorio con algún curioso inquilino.
-¿Quiere que busque yo?- dijo la voz del policía saliendo de su garganta como si de un cañonazo se tratase, y resonando por toda la sala.
Esa era exactamente la contraseña pactada en clave que tenía que advertirme de cuándo era el momento justo en el cual debía parar de mirar mi espejo y dedicarme a buscar mi documento identificador.
-Tenga. –le dije con una sonrisa de oreja a oreja, para que así pudiese reconocerme en la fotografía del carné.
-¿Me está tomando el pelo? ¿Qué se supone que es esta porquería?- dijo indignado mientras exhibía violentamente el carné alrededor de mi cara.
-Tan sólo léalo- dije totalmente serena y convencida de mí misma.
-¿Un carné del club de fans de Bob Esponja? ¿Es que a caso se está burlando de mí?
-¡Para nada, señor policía!- exclamé ofendida.- Soy la fan #01. Además, en él constan mi nombre, cumpleaños y mi dirección.
El policía arqueó las cejas y reanudó la lectura.
-¿Es usted Coral Plancton y se aloja en la casa que hay junto a la casa-piña en el fondo del mar?
- Así es, señor.
jueves, 3 de septiembre de 2009
Veleta

Porque me siento objeto, me siento veleta. Una veleta que se mueve con el viento de los soplidos de los demás y en mi vida no hago más que dar vueltas en vano sobre mí misma, y no paro de girar y girar con la voluntad de aquellos que hay en mi alrededor.
Es una putada que las veletas no avancen.
Y siempre miro hacia dónde quiera el que bufe más fuerte.