lunes, 19 de octubre de 2009

Y ahora una pregunta da vueltas en mi cabeza...
¿Se trata pues, de aparente desinterés?
O lo que sería preocupante, ¿se trata de desinterés?

¿No consigo ni despertar un leve cosquilleo en su curiosidad? ¿O es acaso el miedo a encontrarse, cara a cara, con una realidad que no sea de su agrado? Algo que no se ajuste a sus expectativas sobre mí, sobre qué o quién soy.

O por el contrario, ¿es ese cosquilleo tan enormemente enorme, tan tocapelotas si se me está permitido decirlo que, en un intento tímido de ocultarlo, le obliga a actuar como si el conocer quién soy, cómo pienso y qué hago, fuera de lo más irrelevante?

¿Qué quieres de mí?
¿Qué esperas de mí?
¿Tan simple me ves?

Y entretanto mi cultivado mundo interior se muere de la rabia...

...o eso me gustaría creer

3 comentarios:

  1. Me gusta. ¿Cuántas veces os hemos sentido cómo tu describes, con tantas preguntas acerca del comportamiento de otros humanos? ¿O cuántas veces hemos tenido que ocultar aquello que sentimos por miedo?

    Realmente, bajo mi humilde punto de vista, pasamos por esas dos facetas siempre: en ocasiones somos tan valientes que no entendemos el miedo que siente el otro; y al revés, una vez conocemos nosotros el miedo, no entendemos cómo los demás no pueden entender ese comportamiento.

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  2. No me ha dejado continuar...

    Aunque nunca hay que tener miedo, se necesita a alguien que vuelva a darte la confianza y que tenga paciencia. Una vez llegue ese punto, la valentía se dejará ver. Esa es la clave para pasar de un extremo a otro: confianza y paciencia.

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  3. la solución estaba en mis manos, corta con un tío y empezarás a importarle...qué deprimente

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